Somos #personas

Reestructurando mi antiguo blog personal, donde solía escribir y pretender ser escritor (hoy sólo pretendo ser persona) He recordado viejos amores olvidados. He recordado a los nuevos, a los que están. A las amigas que siempre han estado, a aquellas que ya no. Y entre miles de notas, post y fotos he encontrado algo. Una historia real, que una noche de hace un año me ocurrió. Un hecho que me dejó con el corazón en un puño y sin ser nada de Coaching, he querido compartir para que dejemos a un lado las posibles metas profesionales que tengamos en mente. Que dejemos por un momento las motivaciones para ser algo mucho más en la vida. Para recordar, que debemos ante todo ser lo que somos y nunca dejar a un lado a nuestro prójimo:

“Las noches refrescan, cae una humedad digna del otoño al que tanto hemos echado de menos. Aunque las tardes son calurosas, un viento helado nos avisa que pronto estará aquí el invierno. Málaga está preciosa. Cae una rociada haciendo que todos sus cristales sean pequeños escaparates de lágrimas sobre un fondo mate. Ya en los coches podemos dejar marcada nuestra mano para que podamos dejar huella de nuestro paso. Ella arrastra los pies en el creciente silencio de la noche. Ese silencio de las doce que va cayendo poco a poco, como si se tratase que el corazón de la ciudad está relajándose para dormir.

Ella sigue arrastrando los pies, lo hace con unas zapatillas de invierno de andar por casa. Se han manchado mucho después de tanto usarlas. Un pequeño polo rosado y un pantalon de chandal negro se le ciñe a la figura tan delgada. Quizás ella siempre ha sido delgada, yo no la conozco para poder saberlo, aunque esa delgadez es algo sospechosa. Sus arrugas son muchas, es una mujer mayor pero su voz suena fuerte. Tiene una voz fuerte, de una fortaleza sobrenatural, pero para mí no me sorprende. Su melena es castaña y sus canas tienen ya bastante recorrido, creándole una raiz blanca marcada y brillante.

Sus manos están manchadas, sus uñas están redondeadas y amarillas. Busca con ansiedad en el cubo de basura de la calle y yo como si fuese la primera vez que veo algo así, me quedo mirándola. Saca una botella de una marca blanca de refresco y se bebe lo poco que queda. Vuelve a depositar la botella y continúa las búsqueda en el montón de basura. El olor de rebuscar entre las bolsas es muy penetrante. Ella ni se inmuta, simplemente sigue haciéndolo en un acto sin reflexión. ¿Para qué va a pensar? No merece la pena cuando el estómago ruge. Algo de comida en un estado dudoso de conservación, hace que sus ojos se iluminen. Lo come.

Pa limpiarse se sacude las manos. Se marcha calle abajo. Yo no me muevo de la escena, pienso que mi presencia tal vez ha podido molestarla. Ella no es un espéctaculo, aunque ella supongo que ha acostumbrado a aquello. A ser mirada en sus cenas. Noto el frío como se hace un poco más intenso. Subo a casa. Tú y yo cenaremos lo que más nos apetezca cenar, quizás nos quejaremos que no tenemos alguna tontería para acompañar. Nuestra bebida favorita se habrá acabado y debemos de hacer una nueva compra. Después dormiremos, tranquilos o no, dormiremos.

Las noches refrescan.”

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