Pequeña música nocturna, de Liliana Díaz Mindurry


Conocer a Liliana, la autora de “Pequeña música nocturna”, ha sido un enorme placer, y ser su maestro de ceremonias presentando sus libros en la Librería Proteo-Prometeo; ha sigo una gran experiencia. 

Liliana es una gran mujer de letras, con una vida llena de experiencias novelescas, que han logrado hacer de ella un mujer fuerte y a la vez de enorme accesibilidad. Charlar con ella, si logran tener la oportunidad, es magnífico. No solo porque sabe ciertas cosas que te deja boquiabierto, sino porque además, comparte esas ideas de sobre qué es la literatura que las compartes con ilusión: “La literatura no organiza el caos, para ello ya está la ciencia. La literatura te sumerge en los agujeros negros para hacerte pensar”. 

Su prosa la recomiendo. Esa, tan personal forma de adjetivizar y construir a los personajes, es algo que yo particularmente adoro. Expresiones llenas de desgarro, que hacen que odies a sus personajes y que el texto te pegue una fuerte bofetada. Una gran instrospección que logra situarnos en lo que piensa y siente. A mí me recordó a un New Roman francés renovado, aunque la autora ni quiso ni fue su intención. 

Hans Küng, mi #teólogía de cabecera


Yo quise ser teólogo, de hecho, nunca he renunciado a ello; pero la incompatibilidad de horario (y la pasta, porque una carrera es una carrera), me ha llevado a estudiar diversos maestros en la materia. Pero sobre todo, uno de los que me encantan, es Hans Küng.

Este sacerdote alemán, fue compañero del Papa emérito Benedicto XVI, y antes de que este mismo fuese santo padre; condenó y retiró la cátedra de enseñanza a Küng. Es curioso, como nuestra madre la Iglesia (porque a todo esto soy católico), continúa con esa regla de madera ajusticiando a todos los malos alumnos que intentar ver otras perspectivas que a ella misma no le interesa ver.

Todo es complicado en las ciencias, mucho más cuando esa ciencia es la teología, en la que si la resumimos su modo de actuación sería: en lo más alto tenemos la PALABRA, el evangelio – el cual se ve interpretado por el Magisterio – este no puede ser cambiado a no ser que se reinterprete el propio evangelio, y hayan antecedentes que así lo puedan llevar a cabo – y la pescadilla que se muerde la cola.

Küng tiene para mí, un par de libros fundamentales:

  • Ser cristiano
  • La iglesia católica
  • La mujer en el cristianismo
  • Jesús
  • Credo

Y es algo que recomiendo por la frescura y simpleza de comprensión de sus textos.

Sucedió en Málaga


La mejor forma de conocer el lugar que nos cobija, aque de nuestros ancestros, o ese del que nos hemos enamorado; es por su historia. Nos dicen que también por su comida, su gente, sus costumbres… pero esto es más márqueting turístico que otra cosa. Nada, nada etenderémos sin la historia. 

Recientemente, muchos medios de comunicación, ponen a Málaga como la mejor ciudad de España (y a veces de Europa y por qué no del mundo), para vivir. Su enclabe geográfico, rodeada de montañas y la regulación del mar, crean una temperatura única. Su carácter cosmopólita la hacen abierta y sincera. Y es por tantas razones, que le debemos un testamento. 

En forma de relatos, con el nexo de unión de una Málaga milenaria, mayor (que no vieja), Patrick nos sumerge en ciertos acontecimientos que debemos, no solo conocer, sino apreciar. Con este libro de “Sucedió en Málaga” comenzamos de forma seria, a plantearnos crear de forma literaria ese testamento que le debemos. 

¿Qué tiene este libro que no tengan otros que ya hablan de Málaga y su historia? En primer lugar, la pasión de sus letras y la humildad del autor. 

Mientras otros autores, utilizan la ciudad como vía de expiación, la adoran con la boca chica y la explotan de vistas para fuera dándose golpes en el pecho, como fariseos en mitad del templo para lucirse. Este en concreto nació de la admiración por la ciudad, y el miedo de no estar a la altura de ella. Ha logrado pues, no solo convencer al público sino ser un total éxito de ventas. 

Recomiendo que conozcamos algo de nuestra historia, del mejor modo, que sumergidos en esta obra. 

#Reseña “El chico de las estrellas”


Cogí el libro “El chico de las estrellas” de Chris Pueyo con bastante incredulidad, no me fío de los libros escritos por blogueros, youtubers, booktubers o pornotubers. No porque no confíe en la capacidad que puedan o no tener, sino porque aparecer en internet (incluso yo), no te hace un gurú-sabelotodo. La verdad, que no tiene mucho, cambios de tamaño y formato de letras, historia sencilla, incluso plana; pero me recordó algo: un poco a mí. No al yo actual, ni tampoco a mi pasado adolescente, pero esas similitudes.

El libro no es nada del otro mundo, se podría clasificar dentro de esos libros juveniles para pasar el rato; pero sí tiene algo que me conmovió y me gustó. El que tratase de forma directa el amor adolescente homosexual, que no se cortase un pelo sobre sus problemas y la no aceptación. E incluso, el hijoputismo de un cabrón que se aprovecha del protagonista.

Por ese lado, creo que es un libro que todo adolescente debería leer.

Trasmundo

Buscar una historia. Hoy es de esos días en los que lees, pero no ves nada. En los que ha pasado varios días iguales, te das cuenta que han pasado meses, en que no encuntras nada. La inspiración ha desaparecido, y sólo lo pones con tilde porque odias a la Rae y sus normas, y te hace más gracia que ayer el emoticono de la caca que sonríe. 💩

En la montaña de libros esta Trasmundo, una colección nueva de micronovelas que nace en los talleres de escritura creativa y ve la luz en la editorial de Mitad Doble. Una obra escrita por uno de los alumnos, compañero de letras y amigo, Antonio Luis Gómez Molero. Lo leo. 

Encuentro ese mundo, que me provoca un pellizco enorme en el pecho. Es increíble, ese pellizco es inmenso, se agarra al pecho con desesperación y yo, me siento un discapcitado de las letras. ¿Leerse este libro? No. Este pequeño libro hay que desgustarlo, vivirlo. 

Mi más enorme enhorabuena. 

Termino de leerlo y a mi lado, la inspiración. 

#Reseña “Lo que el viento se llevó”


Todos hemos visto la película, una bellísima actuación, un levantamiento de ceja hasta el punto de partirse en dos, la mano alzada jurando a Dios y un no parar de imágenes que han pasado a la historia del cine. ¿Pero y su libro?

Lo que el viento se llevó” es la única novela que escribió Margaret Mitchell. Y creo que cuando lo hizo se quedó con el potorro bien agustito. Para mí, una obra maestra de la literatura. Creo que lo bueno de la película, de la cual es totalmente un calco del libro, es precisamente eso: ser totalmente exacta. Es cierto, que cuando lees la novela, descubres mucha más trama y dos curiosidades. Una es que el personaje principal es mucho más complejo, con más personalidad y fuerza que el desarrollado en la película. Y la segunda es que la frase estrella es otra.

Es un libro extenso, sí, pero ¡basta ya de tantas simplezas a la hora de leer y escribir! A veces, (para mí la mayoría de las veces), es más gratificante poder encontrar piezas extensas de descripción.

Lo recomiendo, lo amo y envidio.

Deseo

salome-de-masses

La música cesó. Alzó la mirada antes de ponerse en pie. Muy despacio se levantó dejando ver su torso lleno de transparencias y sus piernas desnudas.

En un principio no pensó llegar a tal punto. Pero la idea le golpeaba fuerte en la cabeza y a medida que la música aceleraba, su odio la acompañó en cada golpe de cadera.

El rey gritó de alegría y ella satisfecha, hizo una reverencia aprovechando para mirar de reojo la satisfacción de su madre.

-Puedes pedir lo que quieras. Soy un hombre de palabra y cumpliré lo que quieras.

-¿Todo lo que yo quieras?-. Se acercó al rey.

-¡Todo!. Joyas, oro, ¡un palacio!

Se detuvo delante del trono recuperando el aliento y dejando flotar su aroma como un aura que embriagaba a su alrededor.Se arrodilló dejando caer su cuerpo a los pies del monarca. Sus pechos tocaron las piernas del soberano y sintió como le provocaba un escalofrío.

-Dime hija-. Le agarró el rostro. -¿Qué es lo que más deseas?

-Quiero la cabeza del bautista.

Todos callaron. Salomé sonrió.

Murakami y el Diazepam


Murakami, recorriendo la senda del Nobel que nunca llega, con un estilo propio y bien definido. Aquel que nos ha traído un gran números de obras literarias y tiene tantos seguidores. Yo no.

La verdad respeto mucho a todos los escritores, yo mismo para hacer una obra tengo que sufrir sudores y lágrimas para conseguirlo; pero me tomo la licencia (porque me da igual que nadie me la otorgue), y digo abiertamente que no soporto a Murakami.

Creo que es muy sano, poder decir con total libertad que no aguantamos a tales escritores o estilos literarios, al igual que decimos que nos encanta algunos de ellos. No por hacerle la pelota a un escritor tan famoso, te va a conocer más, y te va a leer; y mucho menos lo hace un buen escritor. Eso mismo podríamos llevarlo a otros territorios literarios locales…

Conocí “Tokio Blues” como regalo que me hizo mi amiga y escritora Malú Porras, y yo que devoro cada libro de cada temática diferente que cae en mis manos, decidí que era el momento para poder descubrirlo. Para empezar, tampoco lo veo nada del otro mundo, un lenguaje normal, tampoco veo en él un Tolstoi. Todo basado en una cultura oriental en la que todo es oscuro, todo es tristeza, o que la poca alegría que podemos vislumbrar es por la tristeza de un acontecimiento. Triste, triste, triste, triste… en definitiva, que para poder leerse a este autor hace falta tomarse un diacepam o cualquier otro ansiolítico.

(RE)Amor


Ella aparece, quizás no tiene ganas de hablar, pero debe hacerlo. Le atormenta no saber qué decir, y una corriente eléctrica recorre su columna. Su cráneo cruje, siente que es una cáscara amarga que nada más le sirve para guardar secretos, rencor, pensamientos inacabados y otros sentimientos agrios. Él sabe lo que va a decirle, pero espera que dé el primer paso para defenderse. Guarda en sí mismo, la confianza suficiente de saberse amado, de ser su droga, o más bien de ser su amo. La domina, le encanta esa sensación de sumisión, de controlar mediante su boca los gemidos cuando están en la cama. Pero ella se lo niega.

Intenta desaparecer, pero allí plantada en la habitación, no puede dar marcha atrás.

—Vas a dejarla —dice muy convencida

—Sabes que no lo haré.

—Jamás nos tendrás a las dos.

—Jamás he pretendido teneros.

Ella, que se lame los labios en un gesto automático, siente de nuevo una gran presión en la cabeza y un sabor salado en la lengua; un regusto pasado. Nota la circulación de la sangre surcar por las venas, una velocidad que le electrifica las manos. Un flujo intermitente de respiración que le llena los pulmones, siente el frío del aire que se calienta poco a poco en el pecho, hasta ser cómodo para tragarlo. Una pequeña palpitación en la sien, se toca la frente y nota esa minúscula vena surgiendo y desapareciendo poco a poco. Nota el cerebro algo inflamado, como si quisiera escaparse de su recipiente, una sordez que le impide escuchar nada que no fuese su organismo. El sabor salado se vuelve pastoso, dejando unos surcos blancos en la comisura de la boca.

Él cae al suelo. Con un suspiro arcaico.

Ella, se limpia la comisura blanca de los labios. Lame. Y el sabor oxidado de saberse victoriosa, le recorre la garganta.