Agua


El silencio se rompe por un ruido de agua violada.

Un estruendo que viene sin sentido, un estruendo que me llama.

Esperando queda el alma, en jirones y lagañas.

Un llanto que sale del agua, de un dolor que atraganta

Los suspiros de Augusto, Carlos y Sandra

Suspirar es un acto que relaja cuerpo y mente. Que si mientras bostezar, es un acto de oxigenación del cerebro, suspirar oxigena el alma. El suspiro puede ser debido a la tristeza, a echar algo de menos, por melancolía… 


Pero también podemos suspirar por otros menesteres, como por ejemplo, por placer, por erotismo, por sexo. Pero no sexo del que ahora estamos acostumbrados, y por la palabra sexo en sí, que nos confunde. Una caricia, una mirada, un susurro puede ser sexo. No el contacto genital y mínimamente espontáneo es sexo, a veces eso es tan efímero que se queda en “se”. 

Augusto López, Carlos Bolívar y Sandra Lara, nos traen con Mitad Doble ediciones: Pequeña enciclopedia de suspiros. Un libro de relatos, poesía, prosa poética; acompañado de fotografías, miradas, erotismo. 


Cada uno de los artistas, en su modalidad, es un profesional y un experto en aquello que hacen. Me refiero a texto e imagen, más allá de ello, en el erotismo carnal, no cabe duda que son doctorados. 

Nos llenan de suspiros por saber e imaginae más. Por llenarnos de placeres, de otorgarnos la posibilidad de tener entre nosotros un libro atemporal; como aquel que nuestros abuelos de los abuelos, ocultaban por su picardía. Pero esta vez, llenos de un amor incomparable, a la belleza. 


En cualquier librería que se solicite podemos hacernos con un ejemplar. Y sinceramente, yo no lo dejaría pasar (suspiro). 

(Re)conocer


Yo te conozco.

El olor de tus lágrimas enjuagadas en mi rostro blanquecino.

Reconozco tu sombra postrada en el cabecero de mi cama. Envuelta en sábanas tu figura ausente abrazando mi alma.

Adivino el sabor de tus labios derretidos de cera en mis manos. Echo en falta tus muslos que aprisionan mi garganta por el acto de respirar.

Como el fuego espera en abrazos fríos a sus cenizas, espero yo el aliento de tu garganta que en mi oído llora de melancolía.

Comparo la mirada de la luna con los sueños de hacer el amor contigo. La calada de un cigarro con tu lengua resbaladiza.

No olvido tu rostro de medianoche.

Yo.

 

Esas horas, las que no tenemos


4 Septiembre 2008
Hace ya algún tiempo que se quedó, algún tiempo que me saluda con el mismo beso de todas las mañanas; al menos para mí.
Desde ese momento, en las horas muertas de los días, me rodeo de recuerdos. Retengo en mi mente los segundos en los que su mirada de cada noche se me clava desde arriba y sobre la almohada.
Cada vez que lo veo salir de la habitación, la soledad me roza con un lazo frío y húmedo. A veces la confundo con su presencia. Su aliento regresa a mi boca esfumando todos los pensamientos antes retenidos.
Ahora comienza el invierno, lo veo entrar con la caída de las hojas sobre la escarcha del amanecer. Acaricio la ventana dejando una huella borrosa, parecida a la mancha que se extiende dentro de mi pecho.
Vi al sol una mañana danzar sobre las nubes, antes de la llegada del estío a la estación, pero me aburrió.
Sus brazos son delicadas alas rotas. Todo lo que me rodea ha cambiado, sus besos, los míos; su voz y mi rostro.
Me quedo boquiabierto, mirando como respira mientras duerme. Y cada vez que pestañeo me atrevo a decirle un secreto: El mundo es débil, y con cada giro se estrella contra mi cabeza. Es una
estupefacta bola de cristal y silencio. El mundo ya no es mundo. Le susurro en el oído, borrando las falsas esperanzas, pidiéndole que me lo de todo o nada.
La cama cruje con maldad, no me quiero mover; no me atrevo. No lo quiero despertar porque su letargo es dulce. Mientras, lo espero sin descanso subido en viejas sábanas usadas. Aún hoy esfuerzo mi mente y recuerdo el futuro y si lo intento un poco más logro ver el pasado.

Me pregunto: ¿cuánto hemos llorado?, ¿hemos podido llenar incluso algún mar?
La gente que diga lo que quiera, ya que yo seguiré a su lado. Solamente piensan en sus temores. Creo, que no es más hombre la persona por acostarse con una mujer. Y ellas más señoras por andar sobre sus tacones.
Todo es una imagen rota y gastada por el azar. Logro darme cuenta del mandato de los divinos humanos que nos obligan a seguir éste camino hacia delante. (Hacia atrás).
Cierro las cortinas, celoso de que lo toque el sol antes que yo. Volvemos a una deliciosa oscuridad. El aire ruge con violencia en la calle, haciendo que me hunda más en la cama.
En la noche, solo tuvimos el alimento mutuo de nuestra saliva, bebiendo de sus pestañas para calmar la sed.
Todo ha cambiado, sus lágrimas, las mías; su rostro y mi voz.
Aún continuo boquiabierto, cuidando que el aire que traga no le siente mal. No me atrevo a despertarlo, ni a contar nada más.
Solamente se escapa un te quiero, y el mundo; lo ha de condenar .

Anoche creo que soñé


Aparece la luna
con mandil de lunares
perfume de rosas y sonrisas de azahares.

Perdida en el monte queda,
la vecina que lava manteles,
carcomidos por bautizos
con agua de claveles.
Montados a caballo civiles
en busca de un gitano.
Con las frentes de charol sin pena
y las manos de frío mármol.
Paran a la mujer que llora
por el luto de la honra.
La saludan con las riendas
con las manos hacia la sierra.

.
Desaparece la luna
con zapatitos de soleares,
maquillada de lavanda y savia
para aliviar las edades.
Habla vieja perdida, dime dónde te quedaste.
Contesta con risa callada,
acostada en las soledades.

#Luna y un elogio

 

La luna nos acosa, dentro de frascos de cristales, porque enjaulada la dejamos bajo abrazos desenlazados.

La luna nos mira inquieta, en un cielo que la nubla, porque se siente celosa de los besos que besados se exterminan.

La luna es nuestra amante y cansada se queja, del amor que desprende mi pecho sobre tu pecho inquieto.

Yo te miro con la luna iluminado.

Día


Algún día, se oirán como caen los ángeles desnudos del cielo, en algún momento que no esperemos, que pase nunca más.

Algún día, se quitarán las ropas las monjas recatadas, para sorprender a las nubes que sinceras, ni las miran.

Y cuando llegue aquel día, ese momento que no nos llega. Sonreirán los pájaros con los picos engalanados.

Aquel día, en el que explotará el corazón palpitante en la boca.

Algún día que aprendamos a hacernos el amor, un día que no sabemos en qué calendario se esconde, ni en qué agenda está anotado.

Ese día que se repetirá en sus noches yo dejaré de escribir, para que tus noches sean las mías.

Algún día.

Pequeña música nocturna, de Liliana Díaz Mindurry


Conocer a Liliana, la autora de “Pequeña música nocturna”, ha sido un enorme placer, y ser su maestro de ceremonias presentando sus libros en la Librería Proteo-Prometeo; ha sigo una gran experiencia. 

Liliana es una gran mujer de letras, con una vida llena de experiencias novelescas, que han logrado hacer de ella un mujer fuerte y a la vez de enorme accesibilidad. Charlar con ella, si logran tener la oportunidad, es magnífico. No solo porque sabe ciertas cosas que te deja boquiabierto, sino porque además, comparte esas ideas de sobre qué es la literatura que las compartes con ilusión: “La literatura no organiza el caos, para ello ya está la ciencia. La literatura te sumerge en los agujeros negros para hacerte pensar”. 

Su prosa la recomiendo. Esa, tan personal forma de adjetivizar y construir a los personajes, es algo que yo particularmente adoro. Expresiones llenas de desgarro, que hacen que odies a sus personajes y que el texto te pegue una fuerte bofetada. Una gran instrospección que logra situarnos en lo que piensa y siente. A mí me recordó a un New Roman francés renovado, aunque la autora ni quiso ni fue su intención.