Atardecer en la cama

20140301-235611.jpg(Foto Maite Fernández-Campón)

Por eso, de aquello de que te quiero,

de síntesis infrahumanas,

de pensar que todo acaba como empieza.

De las calles que se vuelven penumbra cuando asoma la luna,

caminando entre escombros de pasados marchitos,

olvidados.

Por eso, de conocerte sin conocer,

de hablar contigo sin voz.

Por eso y sólo por eso,

te quiero.

Riendo me tumbé, guardando debajo de la cama,

en una caja vieja de zapatos;

el sol.

Tiré por la ventana las manillas del reloj dejándolo en silla de ruedas.

Mi taquicardia extrema, me tranquilizó

La ciudad dormía apagada,

con luces cansadas de trabajar.

El recuerdo de tu sudor amargo,

se me calaba en la piel,

entorpeciendo mi respiración.

Me senté en la cama dándole una patada a la vieja caja de zapatos.

Intentando saber,

si anoche,

soñé.

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Desde el betún de Judea

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(Foto Maite Ferández-Campón)

Desde el betún de Judea que me bañó la piel, perseguimos los sueños que resbaladizos, se escapan entre los dedos.
Los besos quedan olvidados tras las puertas, cerradas con cal y sin canto de sirenas que no dicen nada.
Y consumidas las velas que alumbraron nuestros cuerpos, no parpadean sobre ninguna piel abandonada.
La suerte se me convierte en una baraja mal mezclada, en una cuestión de pasos de bailes ya ensayados.
Y el pasado un pañuelo con viejos aromas que utilizamos cada invierno.