Vista de un personaje

Tiene los ojos manchados de soledad. Por las mañana el escozor en ellos es una canción desesperada, y como un nerudiense, se cree poeta. 

Despierta cada día en una habitación de paredes mohosas, una ventana con cristal rajado y una puerta confiscada. A primera hora recuerda sus sueños, e intenta hacer todo lo posible por olvidarlos. 

Su aliento es vidrioso, cortante, como si al hablar sintiese un pequeño bisturí en la garganta. 

Abre una carta que recibió el día anterior. En sus manos, el tacto del papel se le hace insoportable, una sensación de puercoespín. Recuerda que por eso nunca llegó a escribir, aunque se le daba bien (o eso creía). 

La mañana se le presenta como otras, sin más que un palpitar seco en el pecho, un resquemor en la cabeza y un dolor de pulmones. 

Estornuda, un sabor de anís estrellado se le cuela en la nariz. Un fuerte olor a humo inunda la calle: han abierto de nuevo los bares para ventilarlos, piensa. Y una vez, con un desayuno de sobras de pan y agua-chirri con café, se siente preparado para el primer cigarro de un tabaco negro irrespirable. 

Pasea por la calle, porque no hay nada más que hacer por ella. La guerra se ha ceñido con todo, y más que nada, con todos. Los cristales se amontonan en cada esquina, arremolinándose con hojas secas y octavillas que vuelan en remolinos con el aire de levante. 

Es temprano, la humedad se resiente en el adoquinado. No hay nubes, ni sol ni bombarderos. 

La ciudad se le antoja un salmo bíblico sin sentido, un mantra que por mucho que la pasea, no termina de acostumbrarse a ella. 

Llega a la desembocadura del río y una nata acorchada, se mece sin siquiera tocar el agua. 

A su derecha comienza la playa del Bulto. Una mujer vestida de negro, joven, con el pelo arañando su espalda; camina con los pies engullidos en la arena. Es bella, al menos, tiene esa belleza que da el hambre y la pena. Una belleza escuálida, de color perla que hace la piel brillar. 

La mira y apura otro cigarro, no le importa gastarlos, ya no importan demasiadas cosas. 

Ella sale de la arena, descalza, con unos zapatos tan desgastados como sus ojeras, se sacude los pies con golpes. Siente en sus manos la textura de la planta de sus pies, la sequedad de los talones, agrietados hasta provocar senderos inconclusos. 

El cigarro se le termina, un aire de poniente se levanta perezoso y disemina las cenizas. Al fondo se comienzan a oír unos motores, que rompen con furia el cielo. El estruendo es monótono, solo les hace mirar al cielo y suspirar. La costumbre les hace ver las tripas abiertas de los aviones sin sorpresas. La caída de las bombas es simple, elegante dibujando una línea que impacta con tranquilidad. 

El estallido es seco. Él se limpia los ojos, aún le escuecen. 

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Las mujeres que fui

Presentación 5El pasado 25 de octubre, pude compartir un pequeño rayo de luz, mi primer libro “Las mujeres que fui”. Después del miedo inicial de publicar en solitario, de vueltas y búsquedas de fórmulas de auto-engaño, rompí en pedazos las incertidumbres para envolverme con un fino manto de CERTEZA.

Las mujeres que fui” es una pequeña novela compuesta de tres relatos: Salomé, la mujer del vientre de oro que seduce y que ahora es seducida. Alma, la segunda mujer que nunca pudo tener otro nombre que no fuese ese. Y Ella, una mujer sin nombre, que intenta controlar todo excepto el amor que se le escapa entre los dedos.

Fue un placer compartirlo con Ecuación Natural, la nueva tienda de cosméticos naturales en la calle Ramón Franquelo del centro de Málaga; con lacolaboración en la organización de Flor Zen, la preciosa tienda floral de Calle Beatas y la Asociación Barrio Picasso.

Presentación 10

En ésta nueva apuesta editorial de Mitad Doble, siempre tendré que agradecer a mis compañeros Augusto López, Amor de Pablo, Juan José L Gallego, Mon Magán, Laura Cerezo y Malú Porras (ésta última además prologuista de la novela) por estar siempre apoyando

A mis queridos amigos de la Librería Proteo, Jesús, Pepe por estar aconsejando y todo el equipo de la librería, Susana, Rosa, Carmen… ¡Todos! Escaparate Proteo

Ya todos, sumarme una vez más por haberme arropado, por compartir este momento conmigo, aunque incluso en la distancia; mi mitad estuvo tan presente como siempre.

¡Os quiero!

Si estás interesado en comprar el libro puedes solicitarlo en Librerías Proteo o en cualquier librería o haciendo click AQUÍ

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Greti preciosi

20140301-235528.jpg(Foto: Maite Fernández-Campón)

A veces, lo único que importa, es tocar la luna a dos manos. Sonreírle al cielo y dejar latir el corazón.
A veces, a faltas de fuerza sobrehumana, deben volar las aves del paraíso en un atardecer sin ocaso.
Y a veces, sólo a veces, uno debe de ser lo que su alma le dicte.

Algún día

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(Foto Maite Fernández-Campón)

Según vivimos, actuamos de un modo u otro. Dependiendo siempre de aquellas cartas, que nos han dado para una partida, sabida de antemano, perdida.

Algún día, se oirán como caen los ángeles desnudos del cielo, en algún momento que no esperemos, que pase nunca más.

Algún día, se quitarán las ropas las monjas recatadas, para sorprender a las nubes que sinceras, ni las miran.

Y cuando llegue aquel día, ese momento que no nos llega. Sonreirán los pájaros con los picos engalanados.

Aquel día, en el que explotará el corazón palpitante en la boca.

Algún día que aprendamos a hacernos el amor, un día que no sabemos en qué calendario se esconde, ni en qué agenda está anotado.

Ese día que se repetirá en sus noches yo dejaré de escribir, para que tus noches sean las mías.

Algún día.