#Recomiendo #leer “Crónicas del mal amor” de Presina Pereiro

El amor, un bálsamo para el alma cuando es correspondido, pero una tortura cuando no es así. El llanto se vuelve el diálogo del dolor, la tristeza el semblante y lo que una vez, en tantas novelas, era el fin adecuado y que justifica todos los medios para conseguirlo; para el personaje es el camino del sufrimiento en cada una de las páginas .

El imperio Otomano que se enfrenta en la cruel (y desconocida para muchos) batalla de Lepanto. En la que el gran emperador español, se enfrentó de forma directa por el control absoluto de Europa y el Mediterráneo. Y ese gran acontecimiento, que marcó un antes y un después, hizo que cambiase el rumbo de los acontecimientos para una simple embarcación y una mujer.

Presina Pereiro, no nos intenta dar lecciones de historia, sino de vida. En la que después, de esa gran batalla naval, crea un personaje duro, con una personalidad sometida ante una cristiandad que se impone por la fuerza. Su maestría en las letras es algo que me llamó la atención desde el primer párrafo. Siempre, los escritores que se documentan en exceso, nos intentan volcar hasta la saciedad, de aquello que saben; pero en este caso no. Las pinceladas históricas, son únicamente para ambientarnos. La Sevilla capital que comercia con los vencidos, el dolor reprimido de los personajes, que son trasladados a una Málaga que se aprovecha de las desgracias ajenas; y en el centro de todo, ella: la mujer.

Yo, que adoro el papel de la mujer en la literatura, me enamoré del poder hipnótico del la forma de narración de la novela. Escrita de una forma muy personalista, me mostró qué pudo sentir la mujer de aquella época, en la que, arrancada de su mundo, es vendida, violada y sometida por otra cultura y por el hombre. Su mundo, desmoronado y sumergido en aquellos barcos perdidos en el mar, se sumerge además su futuro, su amor y su vestido de amor.

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Vista de un personaje

Tiene los ojos manchados de soledad. Por las mañana el escozor en ellos es una canción desesperada, y como un nerudiense, se cree poeta. 

Despierta cada día en una habitación de paredes mohosas, una ventana con cristal rajado y una puerta confiscada. A primera hora recuerda sus sueños, e intenta hacer todo lo posible por olvidarlos. 

Su aliento es vidrioso, cortante, como si al hablar sintiese un pequeño bisturí en la garganta. 

Abre una carta que recibió el día anterior. En sus manos, el tacto del papel se le hace insoportable, una sensación de puercoespín. Recuerda que por eso nunca llegó a escribir, aunque se le daba bien (o eso creía). 

La mañana se le presenta como otras, sin más que un palpitar seco en el pecho, un resquemor en la cabeza y un dolor de pulmones. 

Estornuda, un sabor de anís estrellado se le cuela en la nariz. Un fuerte olor a humo inunda la calle: han abierto de nuevo los bares para ventilarlos, piensa. Y una vez, con un desayuno de sobras de pan y agua-chirri con café, se siente preparado para el primer cigarro de un tabaco negro irrespirable. 

Pasea por la calle, porque no hay nada más que hacer por ella. La guerra se ha ceñido con todo, y más que nada, con todos. Los cristales se amontonan en cada esquina, arremolinándose con hojas secas y octavillas que vuelan en remolinos con el aire de levante. 

Es temprano, la humedad se resiente en el adoquinado. No hay nubes, ni sol ni bombarderos. 

La ciudad se le antoja un salmo bíblico sin sentido, un mantra que por mucho que la pasea, no termina de acostumbrarse a ella. 

Llega a la desembocadura del río y una nata acorchada, se mece sin siquiera tocar el agua. 

A su derecha comienza la playa del Bulto. Una mujer vestida de negro, joven, con el pelo arañando su espalda; camina con los pies engullidos en la arena. Es bella, al menos, tiene esa belleza que da el hambre y la pena. Una belleza escuálida, de color perla que hace la piel brillar. 

La mira y apura otro cigarro, no le importa gastarlos, ya no importan demasiadas cosas. 

Ella sale de la arena, descalza, con unos zapatos tan desgastados como sus ojeras, se sacude los pies con golpes. Siente en sus manos la textura de la planta de sus pies, la sequedad de los talones, agrietados hasta provocar senderos inconclusos. 

El cigarro se le termina, un aire de poniente se levanta perezoso y disemina las cenizas. Al fondo se comienzan a oír unos motores, que rompen con furia el cielo. El estruendo es monótono, solo les hace mirar al cielo y suspirar. La costumbre les hace ver las tripas abiertas de los aviones sin sorpresas. La caída de las bombas es simple, elegante dibujando una línea que impacta con tranquilidad. 

El estallido es seco. Él se limpia los ojos, aún le escuecen. 

Sucedió en Málaga


La mejor forma de conocer el lugar que nos cobija, aque de nuestros ancestros, o ese del que nos hemos enamorado; es por su historia. Nos dicen que también por su comida, su gente, sus costumbres… pero esto es más márqueting turístico que otra cosa. Nada, nada etenderémos sin la historia. 

Recientemente, muchos medios de comunicación, ponen a Málaga como la mejor ciudad de España (y a veces de Europa y por qué no del mundo), para vivir. Su enclabe geográfico, rodeada de montañas y la regulación del mar, crean una temperatura única. Su carácter cosmopólita la hacen abierta y sincera. Y es por tantas razones, que le debemos un testamento. 

En forma de relatos, con el nexo de unión de una Málaga milenaria, mayor (que no vieja), Patrick nos sumerge en ciertos acontecimientos que debemos, no solo conocer, sino apreciar. Con este libro de “Sucedió en Málaga” comenzamos de forma seria, a plantearnos crear de forma literaria ese testamento que le debemos. 

¿Qué tiene este libro que no tengan otros que ya hablan de Málaga y su historia? En primer lugar, la pasión de sus letras y la humildad del autor. 

Mientras otros autores, utilizan la ciudad como vía de expiación, la adoran con la boca chica y la explotan de vistas para fuera dándose golpes en el pecho, como fariseos en mitad del templo para lucirse. Este en concreto nació de la admiración por la ciudad, y el miedo de no estar a la altura de ella. Ha logrado pues, no solo convencer al público sino ser un total éxito de ventas. 

Recomiendo que conozcamos algo de nuestra historia, del mejor modo, que sumergidos en esta obra. 

“Amar tanta belleza” de Herminia Luque


Lo primerísimo que me ocurrió cuando leí a Herminia, fue volver a tener dudas de mi pobre vocabulario. No tengo ninguna vergüenza al decir, que me perdí un poco, porque llevaba mucho tiempo sin leer un libro tan bien llevado a la época en la que transcurre. No, no es una crítica (no soporto que digan que las críticas son constructivas), sino una reflexión a toda persona que quiera escribir una novela histórica.

Herminia no sólo se mete en la época dorada de nuestras letras, sino que calca la época. El estilo, la forma de narrar, todo el lenguaje está basado y construído según el ambiente y tiempo que transcurre. Normalmente cuando alguien narra una historia pasada, la cuenta con ojos del presente, y eso aunque correcto, a veces le resta personalidad.

Me pregunto ¿cuánto tuvo que documentarse? Y le aplaudo por ello. Todos los que nos hemos documentado en algo, sabemos la complicidad que tiene, y aquí de sobra se ve esa cualidad.

Aunque sobre todo si resaltase algo, es a la misma autora. Simpatía, buen hacer, cercana y ¿ya he dicho que derrocha simpatía?

¡Enhorabuena Herminia!

#Libro recomendado “La desbandá” de Luis Melero

Comencé hace un año con mi proceso de documentación, para la novela que anda entre mis manos y mi corazón. Un amor en la guerra civil, una historia familiar que ha corroído los sueños de mis mayores. Y entre todos los libros que debía leer, uno esencial que no lograba encontrar. Y por y para mi sorpresa, Ediciones del Genal, la publica.

“La desbandá” de Luis Melero, introduce a la perfección todo lo que ocurre desde el estallido de la guerra, la situación de las familias, los barrios y sus calles. Qué comían, cómo sobrevivían, qué intentaban hacer para salir adelante. La situación entre un pueblo raso y grupos políticos que carcomían el día a día.

Para mi gusto, al protagonista le ocurren demasiadas cosas y eso hace que le reste realismo a la novela. Pero creo que es esencial, totalmente esencial. Es una gran pena que este libro, haya sido desdeñado y no se le haya echo el caso que se merecía.

Ningún otro libro, consiguió darme tanta información y emocionarme al mismo tiempo.